El arte de volver a habitarse
- taniadme
- 16 jun
- 5 min de lectura
Una crónica de transformación en la búsqueda del ser y el sentir
«Life is like a box of chocolates, you never know what you’re gonna get.»
—Forrest Gump

Hay momentos en la vida en que uno se siente perdido, arrastrado por un huracán que nos arrebata la paz y la sensación de seguridad, de pertenencia y de arraigo. Sin embargo, transitar ese torbellino puede hacerse desde un refugio temporal o desde la calle, sin protección alguna. El fenómeno es el mismo; lo que cambia es desde dónde lo vivimos y la experiencia que adquirimos de él.
A veces, las defensas nos brindan protección y seguridad, y cargamos con esa dura armadura que da una falsa sensación de resguardo, pero que, a la larga, acaba pesándonos mucho. Nos impide caminar con soltura y nos agota.

Como los cangrejos ermitaños, cada tanto, cuando crecen, necesitan buscar una nueva casita o protección que se adapte a su nueva forma y tamaño. Si se aferran a la vieja forma, ésta comienza a limitar su crecimiento y plenitud. Asà nos encontramos con un nuevo dilema cada vez que crecemos en cualquier sentido: fÃsico, social, laboral, económico o espiritual. Esto que tengo es incómodo, pero no sé cómo será lo nuevo. ¿Me quedo con lo que tengo o me arriesgo a explorar lo desconocido? Muchas veces nos encontramos aterrados ante ese cambio y ante la transformación de identidad que conlleva dar ese salto.
La angustia muchas veces llega cuando no sabemos qué rumbo tomar, cuando las decisiones y los caminos posibles nos han rebasado y lo que queda es ese instinto tan
primordial de supervivencia. Entonces reaccionamos desde el fight or flight (ataque o huida), caracterÃstico de la ansiedad.
Cuando atravesamos esos momentos, se siente como si nos fuéramos a morir porque realmente asà parece en ese instante. ¿Y cómo acomodamos todo esto para no llegar a ese punto?
A mÃ, en lo personal, algo que me ha ayudado infinitamente fue aprender a meditar. Curioso, porque hace algunos años, para mÃ, meditar era una causa de ansiedad. Conectar con ese silencio, esa amplitud, ese disolverse con el todo y, a la vez, conectar con uno mismo provocaban más angustia que alivio.
Pasaron muchos años de terapia psicológica, de crisis de vida, de procesos de crecimiento y de reencontrarme con una dimensión que tenÃa olvidada: la espiritual.
Cuando aprendà a leer los Registros Akáshicos, una de las llaves para acceder a ellos es precisamente meditar, conectar con uno mismo y poder acceder a esta información y guÃa tan sagrada. Lo que antes era una tortura para mà —meditar— se convirtió en una herramienta y comencé a hacer las paces con ella. Ahà inició un proceso nuevo y desconocido hasta ese entonces.

Hasta ese momento yo entendÃa todo desde una perspectiva mental y psicológica. No podÃa comprender cómo esta información, que llegaba tan puntualmente, tenÃa tanto peso y, a la vez, hacÃa tanto sentido. Y no es que con éstos se resolviera mi vida de un dÃa para otro, pero me brindaron una nueva perspectiva y forma de abordar aquello que ya habÃa agotado trabajar desde la mente.
Desde el psicoanálisis, podrÃa decir que esos mensajes eran insights de mi inconsciente. Y no descarto esa explicación. Pero desde mi experiencia personal —y desde lo que he visto en quienes consultan los Registros— hay algo más. Algo que no necesita demostración cientÃfica para ser útil. Y ese es el terreno donde yo elijo habitar: el de lo útil, no solo el de lo demostrable.
Eso no significó que todo fuera fácil. Al principio, los mensajes que recibÃa en los Registros eran sobre soltar el control. Recuerdo haber pensado: ¿cómo se suelta lo único que, siento, me ha mantenido a salvo?
Como me gusta decirles a mis pacientes en terapia: bueno, si durante treinta años de tu vida has funcionado de esta manera, no esperes que en tres sesiones se cambie por completo.

Y asà uno va cambiando de a poco, soltando lo que puede en cada momento. Pero la magia sucede cuando creemos que reaccionaremos de tal o cual manera ante una situación y, de pronto, nos damos cuenta de que ya no tenemos la misma reacción ante una situación similar. Que el miedo se quedó anclado a una antigua forma de ser, de funcionar, que ya no
es la actual. A veces avanzamos sin siquiera darnos cuenta de que lo hicimos, y ahà llega un sentimiento de extrañeza, pero también de gratitud hacia uno mismo, sabiendo que ese proceso doloroso para llegar ahà ha valido la pena y que ahora nos encontramos en otro punto del mapa.
En el proceso de entender y trabajar a través de los Registros Akáshicos, cuando sentÃa que ya habÃa llegado a la cima del entendimiento, al mirar más de cerca me daba cuenta de que aún habÃa más montaña por recorrer. Entendà que asà es la vida: cuando uno cree que ya llegó a su destino, aparecen nuevos retos.
Ahà me encontré con que la ansiedad no se habÃa ido. Era una fiel compañera que seguÃa presente en mis noches de insomnio.
Hablando con una amiga y escuchando sobre la meditación védica, me di cuenta de que ese podÃa ser un nuevo comienzo. HabÃa escuchado que algunos de los beneficios de ésta eran la liberación de estrés y la regulación del sistema nervioso.

La meditación védica me abrió una nueva perspectiva por completo. Se sintió como un apapacho al corazón y al ser. A diferencia de la meditación que habÃa intentado antes —donde me perdÃa en un mar de pensamientos—, la meditación védica no se siente como una exigencia: aquà uno simplemente fluye con el estar. Te permite ser. Y como dice Isabel, mi maestra, repetir el mantra es como darle un caramelo a la mente racional mientras te permite conectarte con el todo y llegar a estados de consciencia más profundos.
Cuando recibà mi mantra, la sensación fue inmediata: lo conozco. It just clicked.
SabÃa que era un gran compromiso porque tendrÃa que practicarla dos veces al dÃa, todos los dÃas. Pero mi gran sorpresa fue descubrir que resultó muy fácil integrarla a mi vida.
Descubrà que efectivamente la purificación de estrés sucedÃa y que, aunque este proceso no es nada agradable mientras se atraviesa, también ayuda a soltar cargas que uno va acumulando y que terminan entorpeciendo el camino. Es incómodo, sÃ, pero a la larga libera.
En este proceso de encontrarme y reencontrarme con mi ansiedad, de enfrentarla y abrazarla desde otra perspectiva, he intentado buscarle una muleta para que pueda expresarse de manera amable. Escuchar lo que tiene que decirme y tratar de entenderla, no desde la mente, sino desde algo más profundo: el miedo que se oculta detrás.
Comprender qué quiere mostrarme de mà misma y del momento que estoy atravesando. Después, agradecer su mensaje y soltarla.
Esto me ha permitido sentir, vivir y comprender desde el presente y desde aquello que nos mantiene en él: el cuerpo.
Una manera de volver al presente es justamente habitar el aquà y el ahora a través de nuestro vehÃculo más inmediato: el propio cuerpo. Sentirlo, reconocerlo y escuchar lo que tiene que decirnos.

He aprendido que la verdadera consciencia se adquiere en conjunto. No es la mente, ni el espÃritu, ni el cuerpo por separado, sino la unión de los tres lo que da paso a la evolución.
Hoy entiendo que el cuerpo, al igual que la mente, necesita tiempo para procesar y encontrar un equilibrio en el que la consciencia pueda habitarlo y éste pueda sostener esa expansión. Como el cangrejo, necesitamos buscar una nueva casita actualizada, capaz de sostenernos y acompañarnos desde lo que necesitamos en este momento, y no desde aquello viejo que en su momento nos permitió protegernos y salvaguardarnos de ciertas amenazas, pero que hoy ya están desactualizadas. Tania DÃaz Michel
